Réquiem por Nagasaki Paul Glynn
Traducción de Francisco Sánchez-Bayo



Echale una ojeada al libro

¿Quién fue el doctor Nagai?
La guerra de Manchuria
Los cristianos ocultos
Conversión al cristianismo
Radiólogo en la Facultad de Medicina
La guerra del Pacífico
Cuando el sol se tornó negro...y la lluvia se volvió veneno
La rendición de Japón
El enfermo Nagai

Escritos desde el Nyokodo
Oración por la paz mundial


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¿Quién fue el doctor Nagai?

Takashi Nagai fue un médico "... japonés ateo que se hizo cristiano. Eso no es una novedad, pues San Francisco Javier ya bautizaba a los japoneses" en el siglo XVI. "Sin embargo, el personaje principal de este libro, Takashi Nagai, es un hombre increíble que ejemplifica una característica de la historia cristiana japonesa: la entrega total hasta el martirio.
   Nagai nació en una familia de médicos donde la arcaica fe sintoista tenía su arraigo. Cuando  se licenció con matrícula de honor en la Universidad Médica de Nagasaki, en 1932, ya el racionalismo científico había destruido sus creencias sintoistas. Sin embargo, eso era sólo el comienzo de su búsqueda de la verdad, la cual se revela progresivamente en las fascinantes viñetas de la historia, cultura y religión de Japón."

"Paul Glynn está bien autorizado para escribir esta historia, pues ha trabajado 21 años en Japón. Ha leído los libros de Nagai en el original japonés y ha llegado a ser amigo de la familia de Nagai, de sus conocidos y de muchos supervivientes de la bomba atómica."

"La mayoría de los libros sobre la bomba atómica nos dejan un mal sabor. Pero este no. Yo lo acabé sintiéndome esperanzado con nuestra raza. Cuando el horrible rugido de la fisión nuclear desaparece, una canción continúa. Podría haber sido el réquiem de un hombre enfadado, vengador y amargado. Sin embargo, ha sido una canción de reconciliación, fe, aceptación y paz, los ingredientes, estoy seguro, de la felicidad que todos buscamos."

[Extractos del prólogo a la primera edicion australiana, de  Stan Arneil, australiano ex-prisionero de guerra de los japoneses]

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La guerra de Manchuria

"Durante los años 30 Nagai pasó cuatro años y medio como médico de campaña en la guerra de Manchuria (China), volviendo a Japón con medallas, por su valor destacado, y con una convicción: la sangre de los soldados y civiles heridos es la misma ya sean japoneses, chinos o de cualquier otro país. La experiencia de la guerra ha llegado a ser parte integral de su búsqueda de Dios."

[... prólogo a la primera edicion australiana, de  Stan Arneil, australiano ex-prisionero de guerra de los japoneses]

"En enero de 1933 Nagai se quedó estupefacto al recibir una tarjeta oficial llamándole para el servicio militar con el Regimiento 11 de Hiroshima. Los generales japoneses que iniciaron la campaña de Manchuria sin consultar con los políticos de Tokio, aseguraron que la victoria sería rápida y a poco coste. Se equivocaron: los chinos habían sufrido ya bastantes humillaciones, y su resistencia provocó una ola de conmoción que pasó al otro lado del mar, a Japón, alcanzando incluso las salas de radiología de la Universidad de Nagasaki."

"El diario de Nagai continúa la historia desde una Manchuria que olía acre por la mecha. (...) Describe a un soldado cogido en la explosión de un proyectil que le dejó totalmente ciego y sordo. Más tarde, cuando este soldado recobró el conocimiento pensó que estaba cautivo de los chinos, y les suplicaba una y otra vez que le remataran. Cuando la unidad de Nagai avanzaba detrás de la barrera de artillería se le revolvía el estómago al pasar por encima de los chinos despedazados, muchos de ellos ancianos y niños. Lo más inquietante de todo eran los pequeños huérfanos agarrados con desesperación a los cadáveres de sus padres, sollozando y mirando mudos al infinito.¿Era el firmamento, que una vez él pensó era tan hermoso, sólo un vacío interminable sin sentido?"

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Los cristianos ocultos

"Nagasaki no había sido una ciudad de importancia hasta 1571, cuando llegó a ser el puerto principal para los barcos europeos que abrieron el nuevo y floreciente comercio entre China y Japón a través de Macao. El puerto formaba parte del feudo del Barón Omura, un daimyó cristiano. En el pasado, los daimyós habían donado parte de sus tierras a los monjes budistas para monasterios y escuelas. Omura decidió que las cuotas del puerto ayudasen a las escuelas, iglesias y casas para los pobres que llevaban los Jesuitas. Así se hizo una ciudad cristiana, con escuelas, sede episcopal, y un seminario que produjo cincuenta sacerdotes japoneses antes de que las persecuciones destruyeran el catolicismo visible."

"El primero de los Shogun Tokugawa sospechaba mucho del cristianismo, especialmente del catolicismo. Veía a los misioneros acompañando a los conquistadores en las empresas coloniales por todo el globo (...) En 1614, habiendo aniquilado el último vestigio de resistencia a su gobierno, el shogun redobló su prohibición del cristianismo. Se ofrecieron grandes recompensas por información que condujera a la captura de sacerdotes y catequistas. (...) Los Shogun Tokugawa permanecieron en el poder dos siglos y medio, establecieron una política estatal, y su oposición total al cristianismo nunca disminuyó."

"En 1858, forzados a abrirse al mundo exterior por los buques de guerra del Capitán de Fragata Perry, Japón firmó un tratado comercial con los Estados Unidos. Pronto les siguieron los europeos, quienes tomaron residencia en lugares como Yokohama y Nagasaki. Cuando empezaron a construir iglesias el shogun dijo que sólo los europeos podían entrar en ellas. El cristianismo era tabú para los japoneses."

"El P. Petijean se informó de que el amplio establo de ganado de los Moriyama era el lugar de reunión de los cristianos escondidos de Urakami. Envió un mensaje a la 'persona del agua', a la del 'calendario' y a los mayores. Estos le advirtieron del peligro que corrían si los oficiales de la ciudad supiesen de su identidad, así que el cura se disfrazó de granjero y fué allí al caer la noche. Celebró la Santa Misa en el establo, con paja de arroz bajo sus pies para cubrir el cieno. Los japoneses son una gente en sintonía con los símbolos, y quedaron maravillados de que esta primera misa fuera en un establo. La historia del oscuro Adviento y los viajes de Navidad de la Sagrada Familia, a quien sus ciudadanos denegaron cobijo y los soldados de Herodes persiguieron para matar, había sido una de las favoritas durante esos veinticinco decenios de persecución.Tanto era así que incluso el 25 de diciembre daban al ganado ¡ración extra de heno!"

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Conversión al cristianismo

"Pero estaba inquieto, y él, que se había educado en una familia estrictamente religiosa, estaba también inseguro de su futuro espiritual. Sin pensarlo entró en la catedral católica de Nagasaki en busca de un sacerdote. Encontró al P. Moriyama, sobrino de un famoso mártir en la última persecución de Japón en la década de 1870.
 Nagai y Moriyama descubrieron que tenían mucho en común. Nagai le pidió que le enseñara la fe católica, fue bautizado, se casó con una descendiente de los extraordinarios cristianos ocultos, e inició feliz una familia." 

[... prólogo a la primera edicion australiana, de Stan Arneil, australiano ex-prisionero de guerra de los japoneses]
 
"Nagai estuvo en el muelle tratando de decidirse. ¿Subir la colina empinada hasta la catedral o ir al Nagasaki de abajo a consolarse en los lugares familiares de Venus? La doncella Isabel inclinó la balanza por Tannhauser, y el pensamiento de Midori lo hizo por Nagai. (...) «Shinpu-sama, no estoy seguro de lo que estoy haciendo aquí, y realmente no tengo el derecho de malgastar su tiempo. He perdido la paz en mi alma. Quizás lo he perdido todo. He hecho casi todo lo que su catecismo dice que está mal. Quizás haya cometido lo que se llama el pecado contra el Espíritu Santo». Eso fue todo lo que Nagai pudo decir para completar su frase, pues su voz y respiración se habían vuelto tensas. El sacerdote no dijo nada, pero su corazón se compadeció por este soldado cansado que acababa de volver del frente. Tomó el puchero de la cocina de madera y preparó una tetera con esa panacea japonesa que es el té verde, o-cha. Nagai tomó una taza con agradecimiento, recuperó su compostura y, animado por la cordialidad en los ojos del cura, le contó la historia de su vida."

"Recibir el bautismo heriría a su padre e iría contra la piedad filial, la ética de Confucio que él había mamado junto con la leche de su madre. Había otros aspectos negativos. Así, algunos críticos alemanes de la Biblia sugerían que se necesitaba investigar más para saber con certeza lo que Jesús enseñó. O también, ¿no sería prudente retrasar su bautismo hasta que su padre aceptara la idea? Estaba además su deber en el campo pionero de la radiología japonesa. (...) Estando en casa se sentó en el tatami junto a la mesita. Cogió los Pensées de Pascal y, apenas hubo leído el primer párrafo, se encontró con una frase en la que fijó su atención: «Hay suficiente luz para esos que quieren ver, y suficiente oscuridad para los de disposición contraria». De repente comprendió que retrasar el bautismo era, para él, quedarse en la oscuridad."

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Radiólogo en la Facultad de Medicina

"Era bien entrada la primavera. Nagai estaba en recuperación, pero todavía en el hospital, cuando un mensajero vino de la administración de la universidad requiriendo una respuesta inmediata. El visitante se sentó a la izquierda porque Nagai estaba bastante sordo de la oreja derecha. Inclinándose le dijo a Nagai que, como su audición estaba completamente dañada, trabajar con el estetoscopio sería imposible. La administración sugería que fuera el asistente del Dr. Suetsugu en radiología. (...) Nagai se quedó tan pasmado como arrinconado: si no aceptaba le retirarían la invitación para trabajar en la universidad. Aunque pensaba que Suetsugu era un poco extraño, dijo que sí, que aceptaría la oferta.
 Unas semanas más tarde Nagai escuchaba al profesor según delineaba sus planes (...) «Mire las salas miserables que me han dado aquí. No tienen la más absoluta idea de lo importante que va a ser la radiología, y tendremos que apretar los dientes y trabajar duro hasta que los tontos entiendan. (...)  Nagai-kun, no le puedo prometer más que trabajo duro, y una falta abismal de apreciación por parte de la universidad o de los estudiantes». Miró tan penetrantemente al joven que le dejó como marcado. «Añada a esto, Nagai-kun, ¡los graves riesgos para su salud! Pero usted será un japonés pionero en un campo vital de la medicina».
 Suetsugu se animó: «Nosotros descubriremos nuevas verdades que durarán para siempre. ¡Para siempre! Si algo es verdadero, es eterno. Si usted se hiciera un político trabajaría en cosas temporales que a menudo son falsas."

Tras la destrucción atómica "... volvió a Urakami y abordó el problema de la radiactividad residual. No tenía instrumentos, pero cuando descubrió hormigas y gusanos de tierra se convenció que las lluvias del otoño habían eliminado la mayor parte de la precipitación radiactiva. Los rumores disparatados de que la vida sería imposible en 70 años estaban equivocados. Como las hormigas, ¡vuelta al trabajo! Ayudado por algunos amigos construyó una chabola apoyando unas vigas chamuscadas contra el muro de contención de piedra de su casa, cubriéndolas con trozos de hojalata arrugados por el calor. (...) Los supervivientes del personal universitario se pusieron a planificar una nueva universidad y Nagai se les unió con toda su energía."  

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La guerra del Pacífico
 
"El lunes 8 de diciembre de 1941, Nagai y su mujer se levantaron temprano para ir a misa de 6, por ser la Inmaculada Concepción de María. Le manifestó a ella su intranquilidad mientras subían la colina de la catedral en la oscuridad del invierno, preocupaciones sobre el punto muerto de las conversaciones de Washington entre el Secretario de Estado norteamericano, Hull, y el japonés, Nomura. Durante la misa rezó por que no hubiera una guerra con América, «con los mismos sentimientos intensos que tuve aquella noche en China, cuando se me ordenó verter gasolina sobre los soldados». A Nagai no le había causado buena impresión que América hubiera acorralado a Japón al cortarle el suministro de petróleo. (...) Sin embargo, si Tojo buscara una solución a través de la guerra, América vertería gasolina sobre Japón y prendería fuego a la nación. Nagai no tenía dudas acerca de los recursos y el potencial militar americanos. (...) En total había siete complejos de Mitsubishi en Nagasaki, incluyendo un astillero grande. Recordando los ataques aéreos de los chinos, pensó: «si llega la guerra, es seguro que Nagasaki será un objetivo». (...) estaba en la calle, camino de la universidad, cuando un altavoz callejero clamó: «En la madrugada de hoy nuestras Fuerzas Imperiales se enfrentaron a las fuerzas combinadas de Inglaterra y América...» Un joven cerca de él gritó: «¡Hurra! ¡Al fin, al fin!» Un escalofrío paralizó a Nagai, y con ello vino el terrible presentimiento de que aquellos edificios a su alrededor serían destruidos. Se quedó temblando mientras estuvo allí, sin sospechar siquiera que estaba a doscientos metros de lo que sería inmortalizado como el 'objetivo cero', el epicentro de la bomba atómica."

"Los japoneses de extrema derecha y los militaristas utilizaron todo esto con rapidez para promover agresivamente su simplista tesis: Japón sólo estaría seguro cuando llegara a ser tan poderoso económica y militarmente como occidente. Las democracias occidentales, razonaban, se estaban preparando para reducir el Japón a una potencia de tercera, como China o la India. Ahora, ¡Occidente era el enemigo! Los japoneses que adoptaran ideologías occidentales como el comunismo o el cristianismo eran traidores al Japón semidivino en este momento de peligro. (...) La misma mentalidad conduciría, finalmente, a la guerra con los Estados Unidos, incluso aunque el Emperador dijo al Primer Ministro, el General Hideki Tojo, que ésta debía evitarse a todo coste. De hecho, el Trono del Crisantemo era tan inútil como los pétalos del crisantemo en medio de un invierno ventoso."

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Cuando el sol se tornó negro...y la lluvia se volvió veneno
 
"El Dr. Nagai había salido del refugio antiaéreo del hospital cuando sonó el 'vía libre' de las 10 de la mañana del 9 de agosto. Se quitó su casco de acero y la pesada indumentaria de guardia, contento de respirar aire fresco de nuevo y de ver la luz del sol. Se paró por un momento y dejó que sus ojos cansados disfrutaran con el rojo sanguíneo de las adelfas y cannas del jardín del hospital, y en los techos morados de tejas bajo él. Miraba sobre la bahía de Nagasaki, enmarcada admirablemente por el verde estival del monte Inasa y las nubes blancas purísimas que flotaban por el más azul de los cielos. Así de pacífico, y qué contraste con nuestro mundo en guerra, pensó, y en ese momento un proverbio del antiguo poeta chino Toho le vino a su mente: 'Kuni yaburete sanga ari - Aunque la nación sea destruida, las montañas y los ríos permanecen'. Pero ¡tenía cosas que hacer! Retirando con pesar sus ojos de la sempiterna belleza de la naturaleza se apresuró a volver al hospital. Una hora más tarde estaba sentado en su despacho preparando una clase."

"Unos momentos después Sweeney y su tripulación divisaron Nagasaki justamente debajo de ellos por un claro entre las nubes, reconociendo inmediatamente el río Urakami y el campo de deportes Matsuyama. Eso les ponía a tres kilómetros al noroeste del lugar planeado, pero el tiempo se acababa. El artillero Kermit soltó la bomba. Eran justamente las 11 de la mañana cuando 'El Gordo' cayó en picado sobre una ciudad de 200.000 almas, de las cuales más de 70.000 morirían, muchas sin dejar rastro.(...) La catedral estaba sólo a 500 metros del lugar donde 'El Gordo' detonó, y fue reducida a escombros en un instante. Nadie podría estar seguro de cuantos perecieron dentro."

"El plutonio 239 explotó sobre Nagasaki con una fuerza equivalente a 22.000 toneladas de explosivos convencionales, pero con diferencias abismales. Dejando aparte, por el momento, los efectos mortales de la radiación de la bomba atómica, estaba el inmenso calor que alcanzó varios millones de grados centígrados en el punto de la explosión. Toda la masa de la formidable bomba se ionizó y creó una bola de fuego, que hizo que el aire en su contorno se iluminara, emitiendo rayos del ultravioleta lejano y rayos infrarrojos, y produciendo ampollas en las tejas de los techos a un kilómetro del epicentro. La piel humana expuesta fue abrasada hasta una distancia de cuatro kilómetros. Los postes eléctricos, árboles y casas en un radio de 3,4 kilómetros quedaron carbonizados en la superficie de cara a la explosión. La velocidad del viento que surgió repentinamente desde el epicentro fue de 2 kilómetros por segundo, sesenta veces más que la velocidad del mayor ciclón. Esto produjo un vacío en el epicentro y otro ciclón se precipitó en él, levantando toneladas de polvo, suciedad, desechos y humo que oscurecieron la retorcida nube del hongo."

"Afuera del hospital el caos era desconcertante. Cuerpos colgando boca abajo de las paredes y vallas de piedra, sin cabeza o sin miembros. Una mujer con ojos desorbitados corría aferrada a su niño decapitado, y dos niños iban arrastrando a su padre cuesta arriba. En el camino, sobre el techo de un edificio ardiendo, un hombre bailaba y cantaba, completamente chiflado. Una pareja mayor, serenos y cogidos de la mano, caminaban colina arriba dejando el rugiente mar de llamas abajo. Y sin embargo, Nagai y su grupo únicamente podían estar allí sin poder ayudar, mientras el fuego se extendía por todo el hospital."

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La rendición de Japón

"Un grupo de americanos influyentes trataba de convencer a la Casa Blanca que la rendición incondicional tenía pocas posibilidades de ser aceptada por los japoneses, porque no reconocía la posición sagrada del Emperador. A la cabeza de este grupo se encontraba Joseph Grew, quien había sido el embajador americano en Tokio hasta que la guerra del Pacífico estalló. El historiador Toland escribe que Grew «tenía un gran conocimiento y afecto por Japón y todas las cosas japonesas». Citando sus diez años de experiencia en Japón, y su comprensión de los orígenes de la guerra, Grew insistió en que el Emperador no era un criminal de guerra, sino que había tratado de impedir la guerra. La mayoría de los japoneses - continuó -, resistirían una rendición que pudiera llevar al Emperador a juicio como un criminal de guerra, y no cooperarían con una ocupación que sancionase tal sacrilegio. (...) Sus razones fueron rechazadas y los aliados anunciaron la orden de rendición incondicional en Postdam el 27 de julio de 1945. El primer ministro Suzuki, de setenta y ocho años, estaba desesperado por lograr la paz, pero una paz que protegiera al Emperador. El 28 de julio respondió a los aliados con la palabra mokusatsu, que significa rechazo. Los japoneses aceptaron aquella decisión, y se apretaron los dientes para las tenaces batallas en cuanto aterrizasen los americanos. Los medios de comunicación japoneses no dieron la noticia del bombardeo atómico de Hiroshima el 6 de agosto."

"Todo japonés que tuviese la escolaridad media había estudiado un libro llamado Tsurezure-gusa, escrito por Kenko, un oficial de la corte que se hizo monje budista. Este libro ha tenido un efecto muy profundo en la cultura japonesa desde entonces hasta nuestros días. Escrito hacia 1330, una de las frases famosas de Tsurezure-gusa dice: «Solamente cuando un hombre acepta la muerte con calma, cuando su espada está rota y se le han acabado las flechas, rehusando rendirse hasta el final, prueba que es un héroe»."

"A las 11 de la mañana del 9 de agosto, el Consejo Supremo de Guerra se sentó para discutir la orden de Postdam a la luz de los últimos sucesos de Hiroshima. Como exigía la tradición, el Emperador asistió a la reunión como un observador pasivo. Tres de los seis miembros del Consejo estaban por la rendición incondicional: el primer ministro Suzuki, el ministro de asuntos exteriores Togo, y el ministro de la Marina, almirante Yonai. Los otros tres estaban categóricamente en contra: el ministro de la guerra, general Anami, el jefe del Ejército, general Umezu, y el jefe de la Marina, el almirante Toyoda. El empate era irresoluble, y la reunión fue abandonada.
    Unas horas más tarde el Emperador oyó acerca de la segunda bomba atómica de Nagasaki y quedó profundamente deprimido. Si continuaba reinando pasivamente, ¿sería culpable si su pueblo era aniquilado? Llegó a una sola decisión y requirió que el Consejo Supremo de Guerra, todos los ministros del gabinete, y los oficiales superiores imperiales, se reunieran con él en su refugio antiaéreo a medianoche. Habiéndose mofado de él, se reunieron en el refugio, y el Emperador les anunció sin más que Japón aceptaría los términos de Postdam. La audiencia se quedó atónita, como si una grulla de piedra bimilenaria ¡hubiera hablado de repente! La mayoría de los asistentes gimieron, y algunos lloraron abiertamente. El Emperador dijo que él mismo lo comunicaría a la nación, rompiendo de nuevo con todos los precedentes."

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El enfermo Nagai
 
"El cansado grupo siguió a Nagai, y reanudaron sus rondas médicas. Sin embargo, su resistencia había disminuido notablemente y también ellos iban acusando los síntomas de la radiación: fiebre, pequeño número de glóbulos blancos, pérdida de cabello, encías sangrantes y agotamiento. El 8 de septiembre de 1945 Nagai manifestaba síntomas severos de esta enfermedad de la bomba atómica. La temperatura le subió a 40 oC y se mantuvo así una semana. Su cuerpo entero se había hinchado y su cara parecía un balón de fútbol. La carne alrededor de su herida en la sien se pudrió, dejando una herida abierta, y empezó a sangrar de nuevo."

"Nagai volvió a vivir donde Midori y los ocho mil cristianos murieron, «para poder reflexionar sobre el significado del suceso».(...) Nagai se estableció en su pequeña chabola, que no era ni a prueba de vientos, ni de la lluvia ni, como el invierno pronto demostró, de la nieve. La última opinión médica le dio una esperanza de vida de dos a tres años."

"Nagai, entrando y saliendo del coma se daba cuenta en ese momento que no podía mover la cabeza ni abrir los ojos, y pensó que pronto empezarían las convulsiones. Podía oír las oraciones y la voz de su hijo. Esto le hizo querer vivir. Oyó la voz de una mujer hablando para tranquilizarle. ¡Ah! era la abuela. «Esta agua es de la gruta de Nuestra Señora del Monasterio Hongochi», susurró suavemente (...)
    La enfermera Morita, que había estado apretando la arteria rota, de repente miró al Dr. Tomita y dijo: «La hemorragia se ha cortado». La herida grande que se había resistido a la medicación había curado sin ayuda médica. Nagai escribió sobre esta experiencia en detalle en uno de sus últimos libros. (...) La extraordinaria recuperación de Nagai ocurrió el 5 de octubre, cuando los equipos médicos del gobierno empezaban a hacerse cargo de la situación y los del grupo de Nagai pudieron volver a sus propias casas."

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Escritos desde el Nyokodo

"Nagai perdió su simpática esposa con la bomba y, aunque él sufría de radiación incurable, construyó una cabaña en medio de las cenizas del desierto nuclear y comenzó a escribir. Sus libros llegaron a ser los más vendidos en un Japón desmoralizado. Gentes de todas las clases, condiciones y creencias, desde el Emperador hasta los golfillos de las calles, empezaron a visitar a este hombre santo que no condenaba a nadie. El final de su breve vida es fuerte y admirable."

[... prólogo a la primera edicion australiana, de  Stan Arneil, australiano ex-prisionero de guerra de los japoneses]

"Nagai hizo una sugerencia concreta a sus viejos amigos de Urakami que habían regresado: levantemos chozas sencillas para vivir y así dedicar nuestras energías a reconstruir el hospital de San Francisco, el orfanato de las hermanas, las escuelas, y una iglesia de madera junto a la antigua catedral. (...) La cabaña de un peregrino tiene nombre, y Nagai llamó a la suya Nyokodo : do significa ermita, ko tú mismo, y nyo significa 'justamente como'. (...) Se trasladó a Nyokodo en la primavera de 1948, consumido pero con 96 centímetros alrededor de la cintura a cuenta del bazo hinchado. Ghandi había salido mucho en las noticias de aquel tiempo, y los japoneses le tenían un profundo respeto y afecto. El mismo Ghandi había ido dando ejemplo como los ermitaños cuando se despidió de su mujer, su familia y su casa, y fue a vivir a una pequeña habitación en Nueva Delhi. Los periódicos japoneses publicaban a menudo artículos sobre el hombre pobre en taparrabos que compartió todo lo que tenía con los pobres de la India. Cuando fue asesinado en enero de 1948, empezaron a llamar a Nagai «el Ghandi de Nyokodo»."

"Terminó su libro, Las campanas de Nagasaki, en el aniversario de la muerte de Midori, el 9 de agosto de 1946. Tres años más tarde llegaría a ser el libro más vendido y una película de grandes taquillas. Pero en 1946 ningún editor estaba interesado por él. Todas las ciudades grandes de Japón habían sido bombardeadas. ¿Quién quería que le recordasen esto, o la desventura de las víctimas de la bomba atómica? Nagai no se desilusionó por esta reacción inicial de los editores. Comenzó dos libros más. Uno fue la traducción del pequeño clásico The World, the Flesh and Father Smith, de Bruce Marshall. El otro fue el libro donde mejor se revela él mismo, Horobinu Mono Wo (Los que no perecen), en donde escribe autobiográficamente en tercera persona, llamándose Ryukichi. Este nombre tiene dos ideogramas, siendo uno de ellos el de su propio nombre Takashi. En este libro Midori aparece bajo el nombre de Haruno, que significa 'campo primaveral'."

"A finales de 1948 la gente leía a Nagai por todo el Japón. El 25 de mayo de 1949 el Ministerio de Bienestar Nacional hizo una mención especial de honor a su libro Kono Ko wo Nokoshite (Niños de Nagasaki). Cuando salió la película de Las campanas de Nagasaki, el Ministerio de Educación Nacional la recomendó para todas las escuelas, e incluyó secciones sobre Nagai entre los libros de texto del plan de estudios."

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Oración por la paz mundial

"En sus escritos contra la guerra Nagai nunca mostró ese elemento antiamericano o antioccidental que llegaría a ser una característica tan polémica de muchos movimientos pacifistas. (...) Expresó sus graves sospechas sobre la gente malhumorada en los movimientos pacifistas. Hay una gran necesidad de movimientos de paz, escribió, pero sólo si están formados por gente con corazones que están en paz. Advirtió sobre cualquier movimiento pacifistas que fuera meramente político o ideológico y no dedicado a la justicia, al amor y a un trabajo paciente y serio. Comentaba que los gritos airados en las calles sobre la paz encubrían a menudo unos corazones sin paz. Tales escritos no le granjearon el cariño de todos.
   No hay nada de particular importancia en lo dicho anteriormente, pero Ghandi y él se destacan al promover el Sermón de la Montaña como el fuero práctico de la paz mundial. Si uno es cristiano, escribe, no exigirá que los comunistas dejen la hoz antes de ir a hacer las paces con él. El cristiano irá sin armas y abrazará al comunista, incluso con riesgo de ser rajado por la hoz. ¿Totalmente irrealizable? Sí, responde, a menos que se sepa rezar. Pero no cualquier clase de oración, porque (...) podemos rezar tan pronto como podemos hablar con la Persona amorosa que es la fuente de todo el dinamismo del universo. "

Nagai "... también ha sido comparado con Dag Hammarksjöld, el Secretario General de las Naciones Unidas que murió en 1961. Ambos dejaron influyentes escritos sobre la paz y compartieron su amor por la abrupta y frugal evocación de la poesía haiku. (...) Ambos vivieron y murieron en la vorágine de la vida moderna. Amaron la vida y escribieron con sabiduría sobre la educación, la ciencia, la cultura, el gobierno y los movimientos pacifistas. Sin embargo, ambos insistieron en la necesidad de ver estas cosas a través de la luz sobrenatural que viene de la oración personal. La oración se convierte en el prisma invertido que junta y refracta los colores chillones de la experiencia humana en una claridad y sencillez como la luz del día."

"Para mí, el mayor atractivo de Nagai es que pasó por esos duros problemas modernos, y salió de ellos más fuerte y atractivo. El mismo dijo a los dolientes, en la primera misa de funeral, que la combinación de los sucesos de Urakami, la bomba atómica, la catedral hecha añicos y la rendición del Emperador el 15 de agosto, no ocurrieron por casualidad sino providencialmente. Yo pienso lo mismo en cuanto a la vida extraordinaria de Nagai: la Providencia de Dios le condujo a través de las peores experiencias del siglo XX para hacerle un guía de otros. Su consejo para los peregrinos de este mundo lo condensó en sus palabras antes de morir: «Inotte kudasai; Rezad, por favor rezad»."

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Otras obras del mismo autor


The Smile of a Ragpicker
Hearers of Silent Music
Thank You Brother Fire
Healing Fire from Frozen Earth
Psalms: Songs for The Way Home

Acerca del P. Paul Glynn

Publicados  por
Marist Fathers Books,
1 Mary Street,
Hunters Hill, N.S.W. 2100, Australia

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Sobre la bomba atómica

Datos científicos sobre la catástrofe de Nagasaki
Museo de la bomba atómica en  Internet
Página de Japan-guide.com
Página de la ciudad de Nagasaki sobre la bomba atómica
Archivo fotográfico
Red de las Mil Grullas de Paz




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